miércoles, 3 de junio de 2009

La otra noche tuve un sueño...



Villa de Candelaria, Tenerife, a 12 de noviembre de 2005



Mi querida señorita:

El gran discurso de Martin Luther King, comenzaba de esta guisa: “La otra noche tuve un sueño…”. Ciertamente, aquel fue un gran sueño. Fue el sueño de un gran hombre que luchó por que su gente y su raza fuesen igualados y equiparados con los blancos. ¡¡Bueno, pero eso ya es otro cuento!!. Sólo me quedaré con aquello de: “La otra noche tuve un sueño…”. Y el cuento mío empieza así:

La otra noche tuve un sueño, pero la otra noche no fue ayer por la noche. No, ni siquiera fue el mes pasado. No. Tampoco fue hace uno o dos años. No. La otra noche mía fue hace más de veinte años, pero no mucho más.

En mi sueño aparecía una niña que era apenas un bebé. La acababa de conocer, era blanquita de piel, ligera como la brisa, tierna y cálida como un bollito de leche recién hecho, y olía muy bien, como huelen todos los bebés. Y como si fuese una nube, alegre y revoltosa, la veía cambiar ante mis ojos a cada instante. La acababa de conocer, pero yo sabía de mucho antes que vendría, y la esperaba con mis brazos y mi corazón abiertos. Y enseguida creció, y cuanto más crecía, más la amaba yo, porque era buena, porque era alegre, porque era mía. Y porque al quererla yo, también ella me quería.

Y la niña de mis sueños, se convirtió en jovencita, y la ilusión de ser mujer le hizo ser muy coqueta. Yo con ella me metía para hacerla rabiar, y por lo bajini me sonreía de verla tan bien crecer, tan alegre y armoniosa pasar de niña a mujer.

Y esa niña, ahora mujer, que yo egoísta quería esconder en mi corazón, salió al mundo, hermosa, radiante, ilusionada. Explorando el universo con sus ojos color miel.

Y ahora, que no la tengo a mi lado, que no le puedo dar un abrazo protector, una sonrisa tranquilizante, un beso curativo. Ahora que mis ojos no la hacen sonreír, que mis manos no alcanzan a acariciarla. Ahora la echo de menos, y desearía volar hasta encontrarla y traerla entre mis plumas, cálida y protegida, de nuevo al nido. Desearía poderle dar mi mano a todas horas, para que en ella se apoye a cada instante. Pero no.

Ella ha de conocer el mundo, husmear en sus rincones, volar con sus alitas hasta que se haga fuerte. Y yo desde aquí abajo miraré, feliz y orgulloso, su vuelo, su marcha, su vida. Porque de su éxito depende el mío, y de su felicidad la mía.

Por eso en mi sueño, siempre hay una niña buena a un lado, y al otro un hombre, que es un padre enamorado.


(Carta enviada a mi hija con motivo de su estancia en el extranjero)
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6 comentarios:

esperanza dijo...

Gracias por tus palabras. A mí me encantan tus relatos. Y, esta carta.... me ha emocionado. He rememorado el amor de mi padre, y el mío por mis hijos. No hay nada tan duro, pero tan maravilloso, como verles volar, libres y autodependientes (en palabras de Jorge Bucay) Si soy capaz de enseñarles eso, me sentiré satisfecha como madre.
Tu prosa poética, me encanta. Besotes y Felicidades Andrés.

Amanis.com dijo...

Los hijos tienen eso, que se marchan,y deben hacerlo a pesar del vacío que dejan...Pero tranquilo, más tarde llegan los nietos.
Te regalo este pensamiento
"Los padres nos pasamos la vida pidiendo a nuestros hijos que sean honestos y valientes. Un día,horrorizados,descubrimos que lo son".
Un beso fraternal.

Tesa dijo...

Los hijos abandonan el nido. Y así tiene que ser.

Aunque te gustaría librarlos de todo mal, protegerlos, guiarlos, cuidarlos, los tienes que dejar volar solos, que se equivoquen, que elijan, que aprenda a vivir a su manera.

A los míos sólo les pido que hagan lo que hagan lo hagan con pasión, que no dañen a nadie y que traten de ser felices.

Y el chico, que ha sacado mi humor, me suelta: demasiados consejos, mamá.
Ya ves.


Muy emotiva tu carta, Aandres.

Espero que nos vayamos conociendo.

Besos,

aandres dijo...

Así, nosotros sólo somos el arco desde el cual los lanzamos al mundo, esperemos que el periplo de la vida los lleve siempre a buen puerto. Gracias Esperanza por tu comentario, gracias amanis, gracias
Tesa, espero que nos vayamos conociendo.

diana poblet dijo...

...será que mi hija también vive en el extranjero, o será que tu relato llega y llega, o será que de alguna manera todos somos partes de lo mismo, de este universo de búsquedas y encuentros que nos mantiene en vilo, sólo aguardando.
abrazo,
d.

Leni dijo...

Los hijos son preguntas que se la hecen al destino.
Y esperamos siempre esa respuesta que nos ampare como nosotros les amparamos a ellos.

Preciosa carta desde la libertad de un padre que ha hecho de su hija un ser libre.
Le has regalado lo mas hermoso.
Ademas de tu inmenso amor.

Seguro que tus respuestas serán siempre fructuosas.

Besos